lunes, 13 de mayo de 2013

Donde las dan las toman. Capítulo segundo


 Publicado en: El Heraldo militar (Madrid). 6/8/1914, página 3.


(CONTINUACIÓN)

—Ya vuelvo—le dijo al «Torozona», y salió del hondilón como si fuera á pedir para alguien los Santos Oleos.

Cuando nuestro hombre penetró en el aposento de la señá Dolores, se incorporó ésta violentamente, se dirigió y se detuvo delante de él, cruzó los brazos y exclamó con sordo acento de reproche:

—Ya te saliste con tu gusto, so pendón; ya te saliste con la tuya; lo estabas pidiendo á voces; tú no podías tener á la vera un relicario como era mi Pepa.

— Como era y como es — exclamó sordamente Toño.

—No; como era, porque ya se ha enturbiado la fuente y ya has conseguido lo que querías.

—¿Qué es lo que yo he conseguido?—rugió Toño, abriendo enormemente los ojos—¿qué es lo que dice usté, agüela?

— Yo digo los Evangelios; yo te di lo que tú no merecías, una prima hermana de la Virgen del Carmen, y tú, que no distingues, te creíste que era una chancla y te empeñaste en tirarla á la calle y la tiraste, y como... Julián el Tormenta estaba en la acera de enfrente esperando el maná, pos vela y tú...

No pudo continuar la vieja. Toño, al oir aquello, había sentido morderle un tigre en las entrañas, ¡su Pepa, su Pepa con el Tormenta!


La señá Dolores se asustó de su obra, quiso enmendar el yerro; pero Toño, lívido y arrebatido, se lanzó hacia la escalera sin oir á la vieja que le gritaba:


— Ven, ven acá, ven por Dios, que tó es mentira.

III

Una hora después estaban de regreso Pepa y lavseñá Dolores en el aposento de éste; habían recorrido todo el barrio, cada una de ellas por un lado, sin encontrar á Toño.

Apenas hubo tomado resuello un instante exclamó Pepa:

Yo me voy, madre; yo me voy otra vez hasta encontrarle; yo me estoy muriendo; no me llega la camisa al cuerpo. ¡Virgen Santa y si encuentra al «Tormenta»! ¡Virgen Santísima y lo que va á pasar!

Y cuando ya se dirigía Pepa hacia la puerta se abrió ésta violentamente y apareció en el umbral el «Torozona» jadeante, sudoroso y con el semblante contraído.

—«Torozona», ¿y mi Toño? ¿aónde está mi Toño?—preguntóle Pepa con voz angustiada, y cogiéndole violentamente por un brazo.

—¿Tu Toño... tu Toño?

—Sí, sí, mi Toño, ¿aónde está mi Toño?

—En la cárcel—repúsole el «Torozona» con voz sombría.

—En la cárcel, ¿y qué ha jecho, qué ha sío lo que ha jecho?

—Pos no ha jecho cuasi na, diez años de chirona tie por lo menos.

—Pero, ¿por qué, Dios mío, por qué?—exclamó Pepa, rompiendo en desesperados sollozos.

—Pues por ná cuasi, porque le ha metió una puñalá al «Tormenta» en los pertorales que no ha dicho
pío siquiera, ¡valiente puñalá!, como que parece que se la ha dao con el espolón del «Carlos V.»

Una exclamación de horror brotó de la garganta de la «Tripicallera», mientras la seña Dolores decíale al «Torozona» con voz desgarradora:

—Y tó por mí; «Torozona», vaya usted por Dios corriendo por un piquete pá que me fusilen.

— Mejor será que sus traiga este pañito de lágrimas— exclamó el «Torozona», asomándose á la puerta del cuarto y volviendo con Antonio cogido por el brazo.

Un minuto después decíale el Toño á Pepa mirándola con infinita ternura:

(Continuará.)

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