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viernes, 7 de diciembre de 2012

Alumbramiento


Gira por los collados el ventisco,
la sombra en el espacio se dilata,
desborda el río su raudal de plata,
y oculta el sol su refulgente disco.
Espumosa y veloz, de risco en risco,
se despeña la hirviente catarata;
el turbión en la sierra se desata,
y destruye las mieses el pedrisco.
El rayo ciega con su viva lumbre;
al rodar el alud desde la cumbre
troncha la encina en la feraz ladera;
y es que la tierra estremecida siente
que pugna por rasgar su seno hirviente,
ansiosa de nacer, la Primavera.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Estaba escrito

Reseña publicada en La Ilustración Ibérica el 11/4/1891, página 3.


Acertadamente ha hecho el Sr. Rueda el juicio de esas novelitas al decir que "en el modo de desplegar la riqueza y la abundancia del estilo, en el desenvolvimiento de los diálogos, en la pincelada vibrante y hermosa, en el giro, en el modo," se ve en el libro del Sr. D. Arturo Reyes "el sello de un escritor de raza, de un pintor de costumbres, que tiene en la pluma la gallardía de nuestra tradición literaria, unida al don superior de traer al papel la visión real de los modernos." Por mi parte sólo he de permitirme recomendar al Sr. Reyes que siga cultivando un género para el cual revela tan felices disposiciones. El acierto con que ha tratado de cosas andaluzas confirma la verdad de que la mejor manera de hacerlo bien es hablar de lo que se conoce. A haberse salido de las escenas de su tierra, ese grupo de novelistas andaluces que cuenta con autores tan notables como Barrionuevo, Rueda, Reyes y tantos otros, nunca hubiera conseguido llamar la atención con sus brillantes obras como sucede ahora. Está bien que todos adoremos en el altar mayor de la patria española, pero no conviene menos que cada región tenga también su capillita. La descentralización literaria, llevada á cabo por los noveladores catalanes, montañeses, gallegos, andaluces, etc., está llamada á producir los mejores resultados. Está bien que en Francia se tome siempre á París por lugar de la acción, pues no hay color local en las provincias; pero en España cada provincia es un nos que vale tanto como el vos del centro.