martes, 5 de marzo de 2013

Un novelista ilustre. Muerte de Arturo Reyes



Con verdadero sentimiento recibimos la noticia de la temprana muerte del ilustre novelista y poeta malagueño Arturo Reyes, uno de los grandes prestigios de la literatura regional. Falleció ayer, después de breves días de enfermedad, á consecuencia de un cólico hepático, cuando apenas contaba cuarenta y seis años de edad.

La muerto del notable escritor representa una gran pérdida, y será sentidísima por sus paisanos, que hace poco tiempo le dedicaron un honroso y brillante homenaje, en unión del novelista Ricardo León y del poeta Salvador Rueda. En Madrid será también muy sentida; pues tenía numerosos amigos, que estimaban  en Arturo Reyes no sólo al escritor, sino al hombre honradísimo y bueno, todo corazón y lealtad.

Se reveló Arturo Reyes como poeta. Su primer libro, Desde el surco, era una bellísima colección de vibrantes poesías. Más adelante, ya alternando con otros trabajos, publicó otros hermosos libros de versos, como Otoñales, Béticas y Romances andaluces. Era un poeta sentimental y delicado, colorista, sin exageraciones, y lleno de inspiración. Su primera novela, la famosa Cartucherita, le dio fama en toda España de una manera rapidísima. En ella demostró sus excelentes condiciones de novelador y costumbrista, y con ella cimentó sus prestigios.

Después dio á luz El lagar de la Viñuela, La goletera, Las de Pinto y Cielo azul, y colecciones de bellísimos cuentos, como Del Bulto á la Coracha, Cosas de mi tierra, De Andalucía y De mis parrales. Toda su abundante producción mereció justos elogios de la crítica.

Era Arturo Reyes un escritor regional, enamorado de su tierra. En sus novelas, en sus cuentos y en sus versos, pintaba admirablemente las costumbres, los paisajes y los hombres de su tierra. Después del Solitario, nadie trazó mejor que Arturo Reyes, ni más brillantemente, aquellos cuadros de luz y de alegría de la tierra andaluza, para la cual formó el novelista y el poeta un monumento en su obra literaria.

En la personalidad de Arturo Reyes había algo quizás mejor que el literato. Era el hombre bueno, el trabajador incansable y honradísimo, el padre de familia modelo. Vivía pobre, á pesar de su copiosa labor; tenía un destino en el Ayuntamiento de Málaga, y trabajaba como un negro para los suyos, sintiéndose recompensado con el cariño de sus hijos. 

Descanse en paz el malogrado escritor y cariñoso amigo.


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