sábado, 8 de diciembre de 2012

Varios poetas: Arturo Reyes




También es versificador fácil y correcto D. Arturo Reyes, á quien su novela Cartucherita ha dado más fama que la colección de poesías titulada Desde el surco, aunque acaso valgan más estas poesías que la novela.

El Sr. Reyes domina la parte musical de la poesía; tiene ese sentido de la rima necesario á los poetas en verso. Pero muestra poca originalidad, frecuenta demasiado los tópicos convencionales de la poesía, no da una nota verdaderamente personal y se limita en la mayor parte de sus composiciones á cultivar los temas de siempre y á expresarlos como los tan expresado centenares de poetas que no han pasado á la posteridad. Adolecen también sus poesías de cierta ampulosidad, de ese romanticismo falso y artificial de que antes hablaba y de las manías literarias de la bohemia, que hoy es ya un figurín muy atrasado.

Una de ellas era aquella singular concepción del amor, según la cual éste no era tema literario ni apenas satisfacción individual si no lo inspiraban y compartían grandes damas ó al menos cortesanas de rumbo. Esto era, en realidad, pura fantasía, como dicen los chulos, mera afectación retórica, pues los bohemios, que se pasaban la vida en el café y se mudaban poco de camisa, eran los menos apropiados para aspirar á esos amores patricios, y en la vida práctica no desdeñaban los atractivos de una maritornes rozagante, si venía á mano. Esa teoría del amor era simplemente una de las manifestaciones del orgullo, de la exaltación del yo, que formaba la verdadera base del credo literario de la bohemia y que explica casi todas sus virtudes y defectos. Hoy ya no quedan bohemios de los de antaño, pero todavía hay quien les tributa una cándida admiración. Varias de las poesías del Sr. Reyes dan testimonio de ello.

El campo de la poesía es inmenso; en él cabe todo. Mas aunque la belleza sea eterna y el fondo de la inspiración poética permanezca bajo el mudar de las formas, no debe el poeta, so pena de convertir su obra en moro ejercicio retórico, en estéril repetición de variaciones sobre temas gastados, limitarse á copiar ó imitar á sus predecesores. Hay ciertamente una poesía histórica ó arqueológica que trata de resucitar la manera de concebir y de expresar lo bello que tuvieron los antiguos. Es un género erudito, para pocos, y que requiere mucho saber y primores de ejecución. Y en estas restauraciones de lo pasado, ocurre lo que con las modas que ya no rigen: las que más extrañas y ridiculas nos parecen, son las más cercanas. No nos choca tanto el atavio de un cortesano de Luis XIV como la levita y el sombrero de copa de un petimetre de 1830. Y es que esta forma de indumentaria no nos parece todavía bastante antigua, bastante diferente de la
actual, para que le atribuyamos valor histórico. Los poetas de todos los tiempos han qantado v. gr., el amor. Seguramente los venideros seguirán cantándole. Es un tema eterno é inagotable de poesía, pero no se sigue de eso que en todas las épocas se haya sentido la poesía erótica de la misma manera, ni que todos los poetas hayan de expresar con arreglo á un patrón invariable ese sentimiento universal. La poesía histórica puede, sin duda, tratar de expresar el amor como lo concibieron los griegos de la antigüedad, intentar una imitación ó restauración de las poesías amatorias helénicas. También es tema histórico la concepción del amor de un romántico melenudo, aunque por ser cosa reciente no ofrezca todavía suficiente interés arqueológico. Pero imitar á estos poetas sin intención histórica, es tomar por realidad, por fuente viva de poesía, un molde anticuado que da forma artificial á los sentimientos y les quita sinceridad y espontaneidad.

De las poesías del Sr. Reyes puede decirse en resumen que sobresalen más por la forma que por el pensamiento y la originalidad imaginativa.


E. GÓMEZ DE BAQUERO.

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