domingo, 20 de enero de 2013

Arturo Reyes y Del Bulto a la Coracha




Sin disputa, es Arturo Reyes uno de los contados escritores del día que tienen personalidad. En todas sus obras nótase la tendencia á ser único, especial, sobresaliente, incomparable; y, á decir verdad, lo es, siquiera en atención al rancio dicho de que en tierra de ciegos el tuerto es rey.

Con efecto, cuantos literatos escriben hoy cosas de Andalucía, yerran en lo de tomar lo accesorio por lo principal, el marco por la pintura, el paisaje por el alma. Y con su borrachera de color y de luz, vuelcan sobre las cuartillas una Babel de guitarras y de coplas, que nos pone á dos dedos de la jaqueca.

Arturo Reyes es innegable que también abusa de la pandereta; pero es innegable así mismo que su maestría en el decir, su buen gusto literario y, sobre todo, su alma de artista van derechos al corazón de aquellas hembras impulsivas y románticas y llegan al alma de aquellos hombros rudos, románticos y soñadores.

Criados á los pechos de Pulpete y de Primorosa, vestidos con aquel gracejo sano y sin rival que El Solitario puso en sus Escenas andaluzas, los personajes de Arturo Reyes vienen al mundo con un «decoro literario» que encanta.

En las obras de la juventud literaria malagueña prevalece hoy una antipática nota de sensiblería, de lloriqueo y de lágrimas á tutiplén. El solo y único que cuenta desde las alturas de la poesía y del arte es Arturo Reyes. Con gracias serena, con un calor profundamente humano, libre de asechanzas efectistas y por el camino derecho de la verdad, en los cuentos Del Bulto á la Coracha hay color sin abigarramiento, ternura sin pucheros ridículos y gracia sin chascarrillos de almanaque.

 Ciertamente que, en fuerzas de no salir de gitanas y de contrabandistas, Arturo Reyes se repite mucho. Mas, de todas suertes, es un admirable compositor que arranca del leif motif de los celos, y con la magia de una instrumentación rica nos da arias, dúos, racontos y hasta septiminos (¡!) muy agradables.

Así, por ejemplo, la narración que da título al libro —Del Bulto á la Coracha—es, ce por be, igual que La partida serrana: lucha de una mujer con el viejo rico de un lado, y con el joven jartico de roar, por el otro.

Esto, junto con el habla de los personajes—que no por ser pintoresca y rica en imágenes y en ocurrencias graciosas deja de ser casi igual—quita méritos al libro.

De la misma suerte, se nota que el autor—acorralado por las descripciones múltiples, pero semejantes, de mujeres rumbosas y de hombres [ilegible]—se dispara de cuando en cuando repitiendo aquello de tenía ojos de antílope ó aquello otro de el pelo recogido en artístico coco; ó bien, en fuerza de estar jartico de echar flores á un mozo terne, llega á colgarle el milagro de que era un mozo arrogante, bravo, que tenía ojos de Dolorosa (¡!).

Fuera de estos lunares y de aquellas repeticiones, Del Bulto á la Coracha es un libro de mérito, digno hermano de los que ya dieron a Arturo Reyes justo renombre de buen artista y de galano y castizo escritor.


Cristóbal de Castro

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