sábado, 19 de enero de 2013

Reseña de La Goletera



Es el pueblo español, con sus sentimientos, con sus pasiones, un hermoso filón que se ofrece, para ser explotado, al novelista. El pueblo es bueno, el pueblo es lo mejor de la sociedad de España. Su corazón y su alma no están corrompidos. Si poseyera la fuerza física, el vigor orgánico que ha perdido en tres siglos de desnutrición, constituiría un cimiento firme y saneado para renovarnos.

Cuando en esa mena [?] trabaja el novelista, como Arturo Reyes en La Goletera, los personajes de ella extraídos son nobles, son bravos, son enteros; y aunque la navaja reluzca y la navaja haga sangre, la mano que hiere ó mata aparece siempre honradamente impulsada. Y el libro con este material compuesto, conmueve y conforta el espíritu sano del lector, identificándolo con la lectura.

Tiene La Goletera tanta sencillez, tanta sobriedad en el asunto; es tan fácil, tan despojada de complicación y de enredo, como son sencillas, naturales y sinceras en su manera de  producirse y de manifestarse las pasiones que mueven á los personajes. Y sencilla y fácil, la novela interesa, la novela emociona. No hace pensar, no enseña nada, porque Reyes no ha querido estudiar en ella problemas sociales, ni ha estimado que sus tipos se prestaban  al complicado examen psicológico que se puede emprender en clase más intelectuales; pero el libro como retrato del corazón del espíritu del pueblo, es un  retrato exacto, bien observado, reproducción fiel de esas almas llenas de nobleza, saturadas de verdad, almas abiertas de niño, sanas y puras, que dicen lo que sienten, y como sienten obran.

Nos pinta Arturo Reyes en La  Goletera el campo malagueño, las escenas del mar, la estructura de los barrios, las fiestas populares que  han dado su celebridad á la pluma de Salvador Rueda. La pintura de Reyes está  vertida toda en el dialogo, en el lenguaje de sus personajes, lenguaje por demás pintoresco, empapado de poesía, que va expresando con vigoroso relieve el desenvolvimiento del  estado anímico de los héroes del drama, á medida que el drama se incuba, que el drama estalla, y se desenlaza á  puñalada limpia en el cauce seco y polvoriento del Guadalmedina.

Y el drama parece que atrae la predilección de  la pluma de Arturo Reyes. En La Goletera no se encuentran escenas culminantes de ternura, de fina delicadeza, de idilio inefable; es la. pasión vibrante, poderosa, terrible, la que el novelista sacude, la que el novelista hace rugir, hasta condensarla, como lluvia bienhechora, en torrentes de lágrimas, que caen ruidosamente y encalman y serenan las almas apasionadas; hasta adormecerla, anestesiándola con las embriagadoras libaciones de la taberna; hasta descargarla por el filo de la navaja, cuando no surgió á tiempo el llanto que consuela, el vino que borra la memoria.

Y una novela así, como la novela de Arturo Reyes, informada en el saludable espíritu popular, sencilla y hermosamente narrada, con los grandes efectos de la pasión como elemento emotivo, pudiera ser muy bien la novela para el pueblo, ya que el pueblo, español, por su incipiente desarrollo intelectual, no alcanza la novela moderna, la novela de ideas, llena de psicologías, de símbolos y de ciencia, deleite inmenso de los espíritus más cultos y diferenciados. Y ser poeta del pueblo en el libro  y en el teatro, en el teatro, donde la pasión  se comunica más intensamente que  en el libro, ¿no sería para Arturo Reyes un ideal grande? Y  el pueblo español, que se está redimiendo solo, que siente las ansias de vivir, ¿no recibiría á un poeta que va á ennoblecerle el espíritu, á ofrecerle un Arte asimilable, cuando el Arte, como la fortuna, están reservados al goce de los elegidos?


Carlos del Río

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