lunes, 21 de enero de 2013

Un pueblo sin vecinos. Visita a Casarabonela



UN PUEBLO SIN VECINOS
VISITA Á CASARABONELA
CARTA TELEEGRÁFICA DE ARTURO REYES
Málaga 5 (2,15 tarde)

Cansado de contemplar el trayecto de Pizarra á Casarabonela, bajo un cielo de implacable azul, ambiente canicular, campos donde las sementeras se tienden en los surcos como abrasadas por hálito de incendio, árboles de hojas pálidas y desmayadas, laderas áridas, ganados macilentos, pobres lagares, perspectiva, en fin, de donde huyeron sonrisas y esperanzas; cansado de la contemplación de tanta desdicha divisé el pueblo desde la venta del Vicario, traspasado que hube el Estacar del Tesorillo.

Destácase el pueblo como suspendidos en la vertiente sus blanquísimos edificios, rodeado de huertos, naranjales é higueras, si un tiempo frondosísimas, hoy mal defendidas por los aminorados veneros de la Sierra; pintoresco caserío, sendas donde crecen zarzales, moreras y ciroleros, y al contemplarlo pensé amargamente que allí, uno de los más pintorescos rincones andaluces, hace sentir la miseria sus terribles rigores, sus abrumadoras congojas, sus tristezas infinitas.

— La cosa está que asesina—díjome el arriero con quejumbrosa voz.—No sé qué va á ser de tanto probe, que es el hambre mú maliya consejera, y no saben los poerosos cómo se nos jincha el corazón de lágrimas y cómo se mos va er sentio cuando yegamos á nuestros cubiles y se nos agarran á las piernas nuestros gurripatos, y mirándonos de un moo que mos mata, mos gritan:—¡Padre, pan! ¡Padre, mosotros queremos pan!—Y mosotros, que daríamos por eyos la vía, no poemos dayes er pan que los angélicos mos píen.

—¿Pero es cierta tanta desventura?—preguntéle emocionado.

—¿Que si es cierta? Supóngase usted, mostrarno, que desde Febrero no crían regazo las cucharas de los probes. ¡Ya se vé! Como todo el pueblo de Casarabonela cabe en la parma é la mano y son ochocientos ó novecientos los jornaleros, pos cuasi toos eyos van á buscarse la via á la vega de Málaga, á Campanillas, á la recolección de la pasa, á la campiña de Jerez en la época de la siega, viniendo solamente algunos días por Carnaval, por la Virgen del Rosario, por Semana Santa y Navidades; por cierto, que cuando retornan de la campiña traen las espaldas en carne viva, tan requemaitas der sol, que pena da mirallos.... Y como Dios no ha querío mandarnos agua y como toitico está jecho yesca, aquí en Málaga y Campanillas, pos los probes han tenío que barar en er pueblo como er pueblo no dá arpiste pá más de tres gorriones y jasta las huertas nos darán hogaño fruto, pos velay usté, si es que Dios no lo remedia va á ser menester dir pensando ya en la mortaja.

—¿Y las autoridades y los más acomodados del pueblo, qué han hecho en favor de tanto desvalido?

—Too cuanto han debío y han poío, la verdá en su lugar, toos han tenío pá con los probes mú güenos comportamientos; pero es que á la tercera sarva se les arremató la pórvora, lo cual no tié na de particular poique aquí er más pocroso no tiée más é cuatro maraveises, que aquí tóo es der duque de Fernán-Núñes y der conde de Casa-Parma. Pos bien, viendo la cosa de moo tan malillo se jueron toós ar gobernaor, que ha colocao 150 en la carretera de Peñarrubia; pero los demás ¿qué van á jacer? Ná. Crea usté, nostramo, que muestra salvación sería la carretera de Pizarra á Peñarrubia. Eso daría é comer á los jornaleros de varios pueblos, y por eso, la comisión que fué á Málaga enviará mañana ar rey un memoriá con las firmas de los Ayuntamientos de Pizarra, Tolox, Alozaina y Casarabonela, pidiendoselo por Dios y por su Santísima madre.

Esto díjome el arriero y esto mismo distinguidas personalidades y entre ellas el virtuoso sacerdote Sr. García Marqués. Esto también hombres de humilde condición, y en Pizarra el fondista D. Antonio Anaya y el cosario Antonio Corrales.

 Esto dijéronme todos aquellos con quienes hablé, y cumplida aunque torpemente mi misión, réstame sólo invocar con todos para los que padecen hambre, para los qué sufren, para los que, en medio do su desdicha, saben mantenerse dentro de la más estricta corrección, para los infelices jornaleros de Casarabonela, en fin, el apoyo de los más altos poderes, de la prensa y de las almas grandes y de los corazones generosos.

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