viernes, 11 de enero de 2013

El Lagar de la Viñuela. Epílogo

El ejemplar correspondiente al epílogo no se encuentra disponible en la Hemeroteca Digital, por lo que para no dejar la novela sin completar, hemos decidido copiarlo de la edición alojada en Internet Archive.


 El mar parecía dormido; la brisa apenas hacía ondular las jarcias de los buques anclados en el puerto; el cielo aparecía bañado en luz purísima.

Inclinóse Agustín yerto y abatido, con los ojos húmedos por el llanto, con la queja en la garganta y el infierno en el corazón, sobre la borda del buque divisábase frente á él la ciudad salpicada de luces temblorosas y de caprichosas siluetas; era aquella perspectiva á modo de la artística creación de un cerebro fantástico; allá, en los últimos límites, erguíanse los montes, tras los cuales dejábase para siempre nuestro héroe todo cuanto embelleciera su vida.

Oyóse el monótomo y áspero rechinar de las cadenas, enroscándose al molinote; resonó el poderoso silbato de la máquina; giró lenta y majestuosamente el vapor, y poco á poco empezó á alejarse de la hermosa bahía, dejando tras sí brilladora estela de fosforescentes espumas


FIN

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